Sobre la muerte

Sócrates decía que de la muerte nadie sabe nada. No sabemos si es el mayor de los bienes o el mayor de los males, pero aún sin saberlo, damos por sentado que es lo segundo y tememos a ella, nos alejamos de ella, suplicamos para no tener que enfrentarnos a la muerte y esto, para Sócrates, es la ignorancia más vergonzante que podemos cometer: Huir de lo que no conocemos creyendo que lo conocemos.

Pues bien Sócrates, soy ignorante y aún no bastándome con esto profeso la más vergonzosa de las ignorancias: Temo morir. No temo morir porqué no sepa que hay después de la muerte, porque no sé si me espera la conciencia absoluta de mi partida o la inconciencia total de está. No, no es por eso. Temo morir porque hay una vida que todavía no he vivido.

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Casera

Estoy pensando, seriamente, salir de mi cuarto, dirigirme al suyo y matar a mi casera. Es anciana, es frágil, no representaría problema alguno. Todo el mundo en casa duerme, nadie se daría cuenta. Simplemente tendría que tomar una de mis almohadas, recorrer el pasillo alfombrado, lo cual es bueno así no se escuchan mis pisadas. Después de unos cuantos pasos virar hacia la izquierda, llegar a su cuarto y girar la perrilla silenciosamente, empujar suavemente la puerta, entrar a la habitación. Caminar enfrente del peinador sin ver mi rostro en el espejo, rodear la cama, colocarme a un costado de donde se encuentra dormida, sujetar la almohada levantándola por encima de mi cabeza y de un solo golpe que quiebre el aire que rodea a mi casera, aplastar la almohada contra su cara, fuertemente, sin dejar espacios vacíos por los cuales pueda circular vida.

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Receta para preparar recuerdos en la lluvia

Pon la llave que se te perdió el día anterior, la culpable de que ese día no hayas comido mas allá del desayuno, en una de las tres puertas negras que cierran la cocina, gira la llave y entra. Saca del refrigerador los mismos ingredientes que utilizaste en la mañana para hacer la misma comida, que ahora vas a hacer, pero mejorada. La tabla de picar y el cuchillo deben ya de estar sobre la mesa improvisada, que es en verdad una estufa antigua con cinco fogones. Coloca encima de ella los ingredientes, el medio kilo de carne molida, que ahora es un puño menos de lo que compraste, una bolita de chorizo, la media cebolla que queda, el pedazo de queso manoseado por ti misma.

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