El mundo no se cambia fumando marihuana

Él, ataviado de ropa y botas negras viejas, estaba tirado a la orilla izquierda de la explanada del concierto de rock, presumiblemente borracho y drogado a las seis de la tarde, y el mundo pasaba sin mirarlo. Cuando digo mundo me refiero a la multitud de adolescentes que le rinden un elogio a la ironía: Protestan por ser diferentes pero desde donde yo los veía no eran más que clones con el mismo tono de cabello pintado, portando el mismo estilo y color de vestimenta, balbuceando las mismas frases repetidas de una pseudo anarquía y de un movimiento hippie en sus últimas, y peores, consecuencias.

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¿Cómo se le llama al asesino de asesinos?

El absurdo

El domingo primero de mayo enciendo mi computadora a las once de la noche y el mundo dice: “Osama Bin Laden ha sido asesinado”. Perfiles de Twitter, de Facebook, las noticias en CNN, en Televisa no saben otra cosa que decir, lo repiten y lo repiten emocionados, expectantes, orgullosos. ¿Emocionados de qué? ¿Orgullosos por qué? ¿Qué tenemos que festejar? Estamos rindiéndole culto a la muerte pensando que es la vida, estamos rindiéndole alevosía al Dios que es a imagen y semejanza del hombre y no al Dios que es amor (Dando por hecho que existe). Estamos siendo y manifestando a los cuatro vientos aquello que criticamos.

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¿Qué es ser mujer?

¿Qué es ser mujer, es bajar las manos a nuestra intimidad y encontrarnos con una concavidad? ¿Es, como dice Aristóteles, ser hombres imperfectos, castrados, irracionales? ¿Acaso tiene razón Schopenhauer cuando promulga tenemos el cabello largo y las ideas cortas; o Pitágoras acertaba al decir somos caóticas, desordenas, procedentes de la oscuridad? Para Erasmo de Rotterdam somos la viva imagen de la estupidez y de la locura. Simone de Beauvoir promulga nuestros cóncavos, nuestros senos, nuestra sangre no tienen relevancia, nos hacemos mujeres, no nacimos siéndolo.

Platón se apiada de nosotras, pobres seres que están atenidas a sus casas, nos llama, no les falta la capacidad sino la oportunidad de que las dejemos participar en la vida. ¿La vida es solo la que estaba afuera de las cuatro paredes, mientras nosotras estábamos atenidas a la cocina?

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