¿Nos quieren por deber o por voluntad?

En la película XXY de Lucia Puenzo, Álvaro, solo, enfrente de una fogata, escucha como su padre se sienta a su lado y mientras se empina una botella de alcohol barato, le pregunta: ¿Te caigo bien? A lo que el hombre contesta: Eres mi hijo. Álvaro no satisfecho con la respuesta, insiste, si no fuera tu hijo: ¿Te caería bien? El padre pronuncia: Mas o menos.

¿Cómo tenemos la seguridad de que nuestros papas nos quieren por lo que somos y no por la obligación que sienten por habernos parido? ¿Cómo estar seguros que  de no ser sus hijos, les gustaría nuestra forma de pensar, de sentir, de actuar? Un día le pregunte a mi mamá que pensaría de mí si yo fuera la amiga de su hija, a lo que contesto: Pensaría que se te zafaron tres tornillos.

La sociedad condena a quien no quiere a sus hijos, a las mujeres que los abandonan en los basureros, a los padres que los golpean, los llaman “desnaturalizados”. No apoyo estas prácticas ni estas decisiones, pero no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué se supone que deben de querer a lo que parieron, por qué se supone que deben de querer a una persona que les da tantos dolores de cabeza, tantas molestias, que a veces es tan dispar a ellos?

¿Por naturaleza? Muchos padres descuidan a sus hijos, los dejan al cuidado de sirvientes o familiares, los niegan por diferencias ideológicas, sexuales, religiosas, políticas incluso. Ejemplo de ello es Toninho Cerezo, ex futbolista famoso, padre de Lea T, que dice tener solo tres hijos en lugar de cuatro, porque uno de ellos, antes hombre, ahora es una mujer, la modelo transexual más famosa del mundo. ¿Qué se le dice a Lea T.? Estoy segura que está cansada de escuchar frases como: “Tu padre te quiere, está confundido”, “Un padre siempre ama a sus hijos por encima de todo”, “Entiéndelo él te quiere, pero le es difícil aceptar tu condición”, entre muchas otras que tienen en común la afirmación, casi imposición, del amor de su progenitor. ¿Debe de estar segura? ¿Por qué? Él la desprecia, la niega, la rechaza, la critica, la considera una abominación… ¿Entre todas esas prácticas dónde está el amor?

¿Por qué Cerezo debe de amar a quien promulga con lo que él no está de acuerdo? No defiendo la homofobia, que quede claro, ni el rechazo al derecho de las personas de vivir su sexualidad. Pero una cosa es tolerar, aceptar y otra muy diferente es amar. Puede que algún día Cerezo comprenda que lo que importa de las personas no son los genitales que estas ostenten entre las piernas. Puede que lo comprenda, que lo tolere, que lo acepte, pero: ¿Por qué debería de amarlo? ¿Por qué debería de amar a Lea?

En True Blood, la serie vampirica de HBO, el personaje de Arlene Fowler no quiere a su hijo recién nacido pues considera tiene un alma maligna al ser hijo del asesino serial, de la primera temporada, René Lanie. Su ahora esposo le dice que su hijo es un bebe normal, como cualquier otro, hermoso, pero ella no puede dejar de encontrar, en cada acto del niño, la maldad. A todos les dice, con demasiada vehemencia  y nerviosismo, que ama a su hijo, quizás tratando de convencerse a si misma. Tenerlo entre sus brazos, dormir bajo su mismo techo, cuidarlo, la perspectiva de verlo crecer, la asusta, la horroriza . ¿Por qué debería de mantenerlo a su lado? ¿Por qué debería de amarlo si está segura qué él va a hacer un asesino?

“No traigas hijos a este mundo si no vas a cuidarlos”, nos dice la sabiduría popular, nos advierten, desde el principio, las personas. Pero… Cuándo el hijo no es planeado: ¿Qué pasa? El dicho solo te condiciona cuando concientemente y con voluntad procreas otra vida. Los condones rotos, las fallas de las pastillas anticonceptivas, las violaciones, no se ajustan a este panorama. ¿Por qué una mujer violada debe de mantener junto a ella al bebé que le recordara el infierno de no tener libertad? Y de mantenerlo: ¿Por qué debería de quererlo?

¿Cuál es el fundamento último del amor que los padres le tienen a sus hijos que no sea el compartir una carga genética? ¿O es que acaso no hay amor y educarnos, mantenernos y aguantarnos lo hacen por presión social? Los hombres quedan más disculpados de esta obligación cultural que somete a las mujeres, nunca he leído en un periodo o escuchado en las noticias: “Hombre desnaturalizado abandona a su compañera con ocho meses de embarazo y tres hijos a cuestas”. Cada que se encuentra un bebé abandonado en la calle, en los basureros, en los hospitales, cada vez que se habla de orfanatos, se piensa en malas madres. ¿No será que algunas mujeres fingen tener un “instinto maternal” para no aceptar que están completamente asustadas, por lo que la sociedad les va a reprochar por no tenerlo?

Este mandato sobre el deber querer a los hijos ha sido impuesto durante siglos. Los argumentos son más que conocidos: “Lo debes de querer por que es sangre de tu sangre”. Perdón, pero mi menstruación es mi sangre y yo no la quiero, no le compro pañales, ni le preparo el biberón. “Lo debes de querer por que es un regalo de Dios”. Lo más sencillo, para no pensar, es adjudicarle todo a la divinidad.

Pareciera que, sobre todo, la madre debe ser siempre bondadosa, protectora, tierna, con sus hijos. Un modelo de perfección que amamanta, que salva, que ama. Un tipo ideal de conducta irreprochable. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos tanto miedo de pensar que una madre puede ser malvada, puede no amar? Según Heinrich Dickerhoff, presidente de la asociación europea de cuentos, los hermanos Grimm escribieron, sí, a una reina malvada, ambiciosa de ser ella la más bella del reino, que celosa de su hija intenta matarla para no verse opacada. Su hija. Olvídense de la madrastra, no existía, lo que existía, en 1812, en el primer bosquejo a tinta del cuento, era una madre que odiaba. Los hermanos Grimm se autocensuraron y gracias a eso su cuento cobro fama, porque de no hacerlo: ¿Cuántas madres le hubieran leído a sus hijas, para arrullarlas, un cuento donde se decía por envidia podían matarlas?

Pensar que una madrastra no ame a sus hijos, no es nada extraño. Crecimos en una cultura donde esa mujer es la intrusa, la segunda, el premio de consolación del hombre viudo o separado.  Casi siempre nos la imaginamos como la amante por la cual se rompió un hogar.  Y entonces si aceptamos, incluso presuponemos, que va a tratar mal a los niños porque no son suyos. Pero la madre también puede hacer eso, Mary Lee Johnston permite que su esposo viole consecutivamente a su hija Precious, incluso está celosa porque “su macho” la prefiere, por que le dio más hijos que ella. Hay una desvinculación familiar entre estas dos mujeres, la madre no quiere a la hija porque se siente, como mujer, subordinada ante ella, despreciada por su hombre a causa de ella, y la hija no quiere a la madre porque ve en ella a la figura que no debió, más sin embargo permitió un abuso.

Si sustentáramos el amor de los padres a los hijos por “naturaleza”. ¿Dónde queda el amor natural de Mary Lee por Precious? Su hija tenia tres años cuando, su marido, Carl, comenzó a violarla, la tocaba mientras le hacia el amor a su esposa. Si hubiese un instinto maternal, ya dado por defecto en la mujer, que le hiciese querer a sus hijos por el simple hecho de provenir de ella, entonces: ¿Por qué Mary Lee no protegió a Precious, por qué puso el amor aprendido hacia un hombre sobre el amor natural hacia su hija? ¿O es acaso que tal instinto no existe y una mujer es capaz de preferir el deseo sexual por un hombre al amor maternal?

En Santo Domingo Zanatepec, Oaxaca hace poco más de un año, encontraron en una casa del centro de la localidad, a una joven de dieciséis años colgada, se había suicidado, porque estaba embarazada de su padre. Si decimos que existe por naturaleza un amor de los padres hacia los hijos que es puro, que es casto, que es fraternal, que es paternal… ¿Cómo nos explicamos que haya padres y madres que violen, por libido, a sus hijos? ¿Cómo nos explicamos que una niña tenga que tolerar que su padre, cuando llegue borracho o completamente sobrio viendo el fútbol, la quiera tocar? ¿Cómo nos explicamos que una mujer entre al cuarto de su hijo, en la madrugada, y se le monte para enseñarlo a ser “un hombre”?

Si no es por naturaleza, por defecto de fábrica: ¿Por qué nos quieren? ¿Nos quieren? ¿Por qué quieren los padres a sus hijos? Solo se puede amar a lo que se conoce. ¿Y cuántos padres conocen a sus procedentes? ¿Cuantos padres saben que su hijo se droga, se prostituye, miente, es racista, discrimina, estafa, engaña, viola, golpea, maltrata, difama, corrompe, sodomiza y demás cualidades, adjetivos o preferencias que ellos, fervientemente, rechazan? No es que diga que haya personas que no merezcan ser amadas, todos merecemos que nos amen, pero que nos amen a conciencia, sabiendo quienes somos, lo que pensamos y lo que hacemos. Un amor que quiere cambiar al otro a su gusto y sueños, no es amor.

¿Nos amarían si nos conocieran? Los padres dicen conocer a sus hijos por la gestación, el cuidado de los primeros años, la convivencia diaria, los retazos que alcanzan a percibir de una vida que se va formando. ¿Nos conocen o quieren ver lo que les conviene para sentirse en paz y satisfacerse del trabajo que hicieron al educar? No es tan descabellado pensarlo, para todos es más fácil creer que mengana o fulano son “personas de bien” que aceptar son unos “reales hijos de la chingada”.

Y en el fondo uno de nuestros miedos más íntimos es no cubrir las expectativas familiares, reconocernos tal cual somos y saber que ya no nos aman. Por eso cuando no se cumple con la norma económica, sexual, política, educativa, de una sociedad familiar los hijos se esconden, se niegan, se disfrazan y fingen coincidir en teoría con puntos de vista que en la práctica transgreden. Una vez que nos conocen pueden seguir amándonos, es cierto, pero ¿Cuántos corren el riesgo de desnudarse ante los padres y aceptar el veredicto?

Chava, en El violinista en el tejado, se casa con Fyedka, un no judío, por la religión de este. Tevye conoce a su hija en los actos de esa pequeña mujer pelirroja que se rebela contra su familia, contra la ley judía y contra la tradición de su pueblo y acepta a otro Dios con tal de poder estar alado de quien ama. La conoce y la rechaza. ¿Por qué Tevye debería de seguir amando a Chava si esta fue contra todo lo que él considera sagrado?

Mi amigo (cuya identidad quedara anónima) López, dice estar seguro de que le cae bien a su padre, pues este se ríe de sus desgracias, que son muchas y variadas. ¿El amor, entonces, se sustenta en que le resultamos “simpáticos” a nuestros padres? A mí me resulta simpático el niño de un año que se pasea, con su niñera, por mi facultad en la universidad y no por ello lo amo. ¿Por qué nos aman nuestros padres? Agradar no es lo mismo que amar, quizás  algunos padres se contentan con que nuestra presencia les resulte agradable, entretenida, tolerable, sin tener que involucrar en la relación sentimientos más profundos como el amor.

¿Cuál es el sustento último de ese amor que los padres dicen profesar? ¿Es amor? ¿Es amistad aprendida? ¿Es devoción en la divinidad justificada? ¿Es costumbre? ¿Es rito? ¿Es un servicio social? ¿Es conducta aprendida? ¿Es actuación manipulada? ¿Es manía por aferrarse a la única forma que tienen de vencer a la muerte?  ¿Es práctica de siglos? ¿Es rutina de casa, de escuela, de compañía? ¿Es hábito para ocuparse en algo, para entretenerse con algo? ¿Es presión? ¿Es imposición? ¿Es una recomendación generacional aceptada? ¿Es querencia? ¿Es tendencia que no pasa de moda? ¿Es pasión que no se sublima? ¿Es obligación? ¿Es un contrato inconciente? ¿Es tradición que no se piensa? ¿Por qué habrían de amarnos si somos tan diferentes? ¿Por qué habrían de querernos si a veces ni nosotros mismos lo hacemos? ¿Qué es lo que sienten?

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Una respuesta a “¿Nos quieren por deber o por voluntad?

  1. :)

    Sé que existen muchas Itzia en este mundo. Muchas. Pero por mucho tiempo he buscado a una. ¿será posible que tú seas esta Itzia?:
    3.bp.blogspot.com/-C9OPw_AiToI/UywaN399P1I/AAAAAAAADOo/E_K5GkDhOuc/s1600/Itzia.jpg

    Te agradeceré me respondas si lo eres.

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