El mundo no se cambia fumando marihuana

Él, ataviado de ropa y botas negras viejas, estaba tirado a la orilla izquierda de la explanada del concierto de rock, presumiblemente borracho y drogado a las seis de la tarde, y el mundo pasaba sin mirarlo. Cuando digo mundo me refiero a la multitud de adolescentes que le rinden un elogio a la ironía: Protestan por ser diferentes pero desde donde yo los veía no eran más que clones con el mismo tono de cabello pintado, portando el mismo estilo y color de vestimenta, balbuceando las mismas frases repetidas de una pseudo anarquía y de un movimiento hippie en sus últimas, y peores, consecuencias.

Miradas perdidas, miradas lascivas, un niño mirando como la atención que sus padres le daban de un porro pendía, era el espectáculo que la droga, el sexo y el alcohol en manos de niños de diecisiete años me rendía. El cantante pregunta gritando: ¡¿A quién le gusta la marihuana?! Las manos de todos frenéticas se alzan, gritan, saltan. ¡A mí, a mí! En ese momento, y no es metáfora, la hierba verde manda. ¡Abajo la escuela, la educación, lo que se necesita aprender se aprende en las calles! Vocifera el cantante. Si lo que se necesita aprender es como disparar un arma, como rendirle tributo a una virgen, a un dios y a unos santos que a sus fieles convierten en sicarios, como pegarle a una mujer y que el poder, fundado en el miedo, puede lograr todo lo que quiera, necesita o desea, entonces sí mis respetos la vida esta afuera. Esto era un concierto de rock planeado bajo el lema de que la tierra esta en nuestras manos, forjando el sueño fumado, no fundamentado, de cambiar al mundo cogiendo, fumando y olvidando.

Sus mentes vuelan tan lejos, sus pensamientos se han quedado tan estancados, su futuro es una estadística del gobierno de ciudadanos fracasados, que sin darse cuenta están facilitando lo que más han criticado: Que los ignoren, que los utilicen, que les quiten su derecho a educación y trabajo. Están tan ocupados visitando otros mundos, experimentando otras realidades, que han olvidado y han evadido la realidad donde están sus padres y sus hijos, la realidad donde tienen hambre, donde deben de luchar para que la dignidad no se les desaparezca de las manos.

Si la paradoja tuviese rostro, tendría el de estos drogadictos. “Estamos hartos de muerte, de sangre” dicen sus camisas, pronuncian como pueden sus bocas sin saliva, pero saliendo del concierto buscan, desesperados, al dealer que les venda la mercancía, buscan desesperados al último eslabón de un movimiento que nos esta matando. “Estamos hartos de tanta superficialidad, apariencias” reprochan a las tiendas, se quejan, pero al final ellos también usan las ropas, la bisutería, los zapatos, el maquillaje, sin saber que significan, para pertenecer a un grupo aunque no sepan su ideología. Les falta en que creer, se venden al mejor postor alternativo, el que luzca mejor o el que diga más groserías mientras con una caguama en la mano critica a una sociedad a la que no esta ayudando.

No tienen un lema propio, su boca pronuncia cualquier cosa menos los que piensan, porque no piensan. Es lo mismo de siempre, el cliché prostituido suprimiendo la veracidad: “esto es lo chido, el amor, el vivir sin que nadie te juzgue” me dicen mientras retienen el humo, que les raspa, lo más que pueden en sus gargantas. Un discurso no real, aprendido, prefabricado, al fin de cuentas son clones de maniquís andando.

Un concierto de sordos es lo que fue el Revolution Fest donde el público estaba ahí para fumar, mientras el cantante le cantaba a un pueblo que fingía escuchar. Un pueblo que no los apoyaba y que en lugar de comprometerse a hacer “algo”, se conformaron con prender un encendedor y rogar a un dios inventado que México sea mejor al compás de una canción. El mensaje, al final de la noche, no tiene sentido, está completamente vacío, “No más sangre” indican pero siguen comprando los kilos que pesamos en rojos mililitros.

Están tirados en el piso, olvidados de sí mismos. Una madre rezo para que su hijo llegara a casa y tal vez llego, una mujer fue violada, un hombre fue golpeado, algunos se nos quedaron en el viaje, el cantante recibió su paga, los de los puestos de comida cuentan el dinero recaudado, los policías detuvieron a varios, los boletos se revendieron después de ser usados, un niño se perdió y el país sigue igual de fregado.

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2 Respuestas a “El mundo no se cambia fumando marihuana

  1. !me parece muy bueno! pero creo que ya caí en la cuenta de a qué se refería tu profesor de literaturacon el ensayo pasado. La primera parte del escrito es una crítica clásica a las bandas alternativas, “quieren ser diferentes y yo los veo iguales como clones” algo así escribiste, y otras criticas que ya están trilladas, y cuando uno lee cosas trilladas no pasa nada, pero cuando es un acrítica trillada lo unico que hace es que me de hueva y me diga a mí mismo: una criticante más. La seguna parte está construida con frases y comparaciones más originales, y profundas, agresivas y cautivadoras. Definitivamente parece que empezaste y fuiste agarrando vuelo. Cuidate!

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