¿Cómo se le llama al asesino de asesinos?

El absurdo

El domingo primero de mayo enciendo mi computadora a las once de la noche y el mundo dice: “Osama Bin Laden ha sido asesinado”. Perfiles de Twitter, de Facebook, las noticias en CNN, en Televisa no saben otra cosa que decir, lo repiten y lo repiten emocionados, expectantes, orgullosos. ¿Emocionados de qué? ¿Orgullosos por qué? ¿Qué tenemos que festejar? Estamos rindiéndole culto a la muerte pensando que es la vida, estamos rindiéndole alevosía al Dios que es a imagen y semejanza del hombre y no al Dios que es amor (Dando por hecho que existe). Estamos siendo y manifestando a los cuatro vientos aquello que criticamos.

Leo las noticias, veo los videos. Estoy escuchando, en vivo, a la gente celebrando enfrente de la Casa Blanca en Washington. ¿Sabes que ha dicho Obama? ¿Sabes que ha dicho ese hombre en el cual la gente basándose por un color de piel había puesto todas sus ilusiones infundamentadas? Ha dicho, entre muchas otras cosas: “Se ha hecho justicia.”  Tengo que darle un trago a mi whiskey.

¿Justicia? ¿Se ha hecho justicia? ¿Es un chiste, cierto? Decir que se ha hecho justicia por asesinar a un hombre es como decir que Garrik era una persona sumamente feliz, que Madame Bovary nunca fue infiel, que Jane Eyre era tonta, que el padre de Franck Mc Court era responsable, que Simone de Beauvoir no sacrifico todo por Sartre, que Camille Claudel no ayudo a Rodin a hacer la puerta del infierno.

Que ridiculez, que grandísima ridiculez y las personas no se pueden callar, no se quieren callar. Critican, odian, al hombre por ser un asesino y se jactan, festejan, por haberlo asesinado. ¿Qué clase de justicia es esa que su respuesta es la misma causa de su protesta?

Idiotas. ¿Qué no se dan cuenta que estamos pagando con la misma moneda? Que ojo por ojo, diente por diente, se nos va quedar ciego y chimuelo el mundo.

¿Cómo se puede hacer justicia de esta manera? Que lógica tan poco humanitaria tenemos. El hombre mató, vamos a matarlo. Entonces: ¿El hombre violó, vamos a violarlo? ¿El niño robó, vamos a robarlo? ¿El hombre golpeó, vamos a golpearlo? ¿Él nos aterrorizó, vamos nosotros, ahora, a aterrorizarlo? Al final lo único que logramos es darle más dolor, más muerte, más caos, a un mundo que está agonizando.

¿De qué va a servir que lo matarán? De nada. Lo dijo Sócrates por medio de Platón, mejor de lo que yo puedo decirlo, en su apología: Seríamos muy imbéciles si creyésemos que la muerte de un hombre va a parar todo un movimiento. Siendo sincera sus palabras exactas fueron: “Si creéis que basta matar a uno para impedir que otros os echen en cara que vivís mal, os engañáis” . La primera frase fue una paráfrasis de adaptación libre. Al Qaeda, el terrorismo en sí, el responsable de dos mil novecientas muertes o tres mil según otras fuentes, el responsable de los atentados no era, solo, Osama Bin Laden, son más, muchos más, más lideres, más seguidores, es todo un pueblo asustado e idiotizado, a la vez, en ambos bandos.

¿Los malos?

Pero… ¿Osama Bin Laden era malo? ¿Al Qaeda es mala? Sartre en “A puerta cerrada” dice que ser malo es necesitar el sufrimiento de los demás para existir. ¿Ésta es la verdadera naturaleza de los actos de Osama y de Al Qaeda, el sufrimiento por el sufrimiento mismo? No. Al Qaeda se conformó (Con ayuda de Estados Unidos cabe mencionar) para detener la invasión de la URSS en Afganistán y para detener, también, el genocidio musulmán en Bosnia y Herzegovina. ¿Los atentados del once de septiembre fueron por mero amor a las bombas, a la violencia, a la muerte? No. Fue la forma en la que un pueblo con hambre nos dijo que el mundo estaba “políticamente estable pero moralmente inaceptable”. No justifico la violencia del mensaje pero creo importante entender el verdadero mensaje. No fue un acto de odio, fue un acto de desesperación.

Al Qaeda mató a las personas que viajaban por American Airlines y que se encontraban en las Torres Gemelas, en el World Trade Center, como una forma de mostrarnos al mundo lo que Estados Unidos, y potencias europeas, venían haciendo desde hace mucho tiempo en el territorio de Kosovo, Irak y Afganistán las llamadas “guerras limpias” donde se bombardea desde el aire a las poblaciones civiles para que de esta forma mueran diecisiete musulmanes por cada estadounidense. El periódico “Político” en su versión en línea afirma la orden directa al comando de la operación Islamabad era matar, no capturar, no detener, no desarmar, sino matar a un hombre y a todos los que se opusieran entre las balas estadounidenses y Osama Bin Laden. Eso no es justicia, eso es pura y cruel venganza, tirria.

El ochenta y ocho por ciento de la población estadounidense después del once de septiembre pidió como pago de su sufrimiento el conocimiento de que los afganos y los iraquíes también estaban sufriendo, dieron su visto bueno a la guerra. Lo que me hace pensar que Montaigne tenía razón cuando decía que en la muerte “todo depende del aparato de horror de que la rodeamos el cual pone más miedo en nuestro ánimo que la muerte misma; los gritos de las madres, de las mujeres y de los niños; la visita de gentes pasmadas y transidas; la presencia numerosa de criados pálidos y llorosos; una habitación a oscuras; la luz de los blandones; la cabecera de nuestro lecho ocupada por médicos y sacerdotes: en suma, todo es horror y espanto en derredor nuestro: henos ya bajo la tierra”.

Cierto, muy cierto, pero solo cuando se trata de “los nuestros”, cuando es la muerte de los “ajenos” esos mismos gritos, esos mismos rostros, esas mismas facciones, esa misma oscuridad que en nuestros parientes, en nuestros amigos o conocidos nos asusta, en la cara de los otros, de los que creemos que se lo merecen, nos regocija, nos da placer, la disfrutamos. La disfrutan todos los que enfrente de la Casa Blanca gritan.

Pedían, los estadounidenses, recobrar la dignidad perdida. La dignidad, desde su punto de vista, era lo más importante. ¿Qué dignidad muestran al dispararle a un hombre en el rostro y festejarlo? ¿Alguien tuvo la amabilidad de preguntarle a Osama, antes de asesinarlo, si se había arrepentido de sus actos? ¿Alguien pensó, por lo menos, en su derecho legal de otorgarle un juicio? En su testamento, escrito en el libro de Bergen dice: “A mis hijos, perdónenme. He escogido un camino lleno de peligros y por ello he sufrido dolor, amargura y traición”. El hombre sentía.

Francisco I. Madero, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Benito Juárez asesinaron, a sangre fría, a diestra y siniestra, vamos Rodolfo Fierro decía: “Tú dispárale y luego averiguamos nombres”. En la escuela y en la faramalla popular nos enseñan que ellos son los héroes que nos dieron “Justicia y Libertad”, “Los próceres de la patria”. ¿Quién dictamina cuándo un hombre pasa de ser un asesino a ser un héroe?

W Radio afirmó el dos de mayo que el cuerpo, sin vida, de Osama Bin Laden había sido arrojado al mar para evitar que el lugar donde fuese sepultado se convirtiera en un templo de oración para su pueblo. Pienso en Elena Poniatowska que en su libro de “La noche de Tlatelolco”, da a entrever que los cuerpos de los estudiantes asesinados fueron arrojados al mar, pienso en Raúl Zurita que en su libro “INRI” relata de forma desgarradora cómo el cuerpo de Cristo, de los mártires, se encuentra sepultado en el mar. Puede que esas personas que murieron en México y en Chile hayan sido golpeadores, violadores, personas violentas, sádicos y ostentaran muchas de esas conductas que consideramos “malas”, pero por ellos lloramos, por ellos nos quejamos y decimos que no es justo no tener un lugar donde llorarles, donde abrazar la tierra para sentir el último contacto de su esencia. ¿Quién dictamina cuando es válido que alguien sea arrojado al mar para convertirlo en olvido?

En esta guerra, no hay buenos o malos, pero la gente no entiende, la gente siempre tiene que tomar partido. ¿Y qué mejor partido que el de los soldados que cumplen con los parámetros que consideramos bellos? ¿Qué mejor partido que el país que nos inculco las series televisas, la comida rápida, que nos hace ropa de tallas cada vez más grandes? ¿Qué mejor partido que optar por el sueño americano?

Xavier Rupert de Ventós en su libro “¿Por qué filosofía?” asegura que lo desconocido nos da miedo, que rehuimos lo extraño, que muchas veces no filosofamos para no salirnos de nuestros parámetros (límites). Pienso que es precisamente eso lo que le pasa a la gente, tienen miedo de otra cultura, de otra forma de ver la vida, de vivirla, de otra religión, de otras costumbres y tradiciones. Los iraníes, los afganos, les resultan “raritos”, “extraños”, “equivocados”, “errados” no porque en verdad lo sean sino porque la gente no quiere pensar y se conforma, así lo prefieren, con el cuento, con la visión, en donde esas personas con túnica son los malos.

El mismo autor pero ahora en su libro “Filosofía de andar por casa” dice “Es fácil, demasiado fácil identificarse con la víctima (En este caso creemos que es Estados Unidos de Norteamérica). Más difícil y más relevador (Por que nos pone a pensar, señores) es reconocerse en el fanático, el suicida o el verdugo.”

Pero… Pero… El once de septiembre, el pentágono, las torres gemelas, el dolor, las muertes, los parientes, los hijos, las personas que salían gritando de sus casas desesperadas buscando a sus familiares, los cadáveres enterrados entre los escombros, la psicosis colectiva… Eso no se olvida fácilmente. Recuerdo que estaba en la escuela cuando sucedió, llegué a mi casa, los medios de comunicación y la gente no hablaban de otra cosa, en mi ambiente de clase media lo que más se escuchaba era: “Si le hicieron eso a la primer potencia mundial. ¿Qué no nos harán a nosotros?” Lo repetía la misma gente que había seguido, años antes, las noticias de la Guerra del Golfo. Mi sobrino de mi edad y yo abrazamos a mi mamá que nos dijo, asustada y resignada: “Es la guerra”. A los meses mis primos en San Francisco recibieron la solicitud para que se unieran a las fuerzas armadas de Norteamérica, mi familia en ese país colapsó, los escondieron, compraron falsos informes médicos en los que decía no estaban en condiciones óptimas de salud.

Lloré, hace años, al ver a la gente suplicando que las personas que amaban (aman) volviesen de la muerte, que no se las arrancaran. ¿Por qué no me da gusto que mataran al símbolo de esa catástrofe? Porque la violencia no se paga con más violencia, porque la muerte no se paga con más muerte. Porque en el Medio Oriente, como en Occidente, la madre le llora igual a su hijo, las personas se mueren igual por las balas, por los atentados, por la lucha de poder de capitales, de petróleo, porque los soldados de ambos bandos están luchando una guerra que no les corresponde, porque una pelea de particulares por la riqueza se volvió una guerra de generales. Porque el honor no se consigue matando, porque el amor a un país no se profesa derramando sangre de otro.

Lo único que vamos a lograr es decirle al mundo que la venganza es sana, que la venganza es justa, que los asesinatos se remedian con más asesinatos, que para borrar la sangre de la tierra derramemos más sangre que la cubra. Ése es el mensaje por el que la gente festeja el de que la injusticia es la nueva justicia, que para calmar nuestro dolor hay que ocasionarle al otro dolor. Por este camino la humanidad se va a dividir en dos bandos: Los asesinos y los asesinados. Muertos todos. Somos la penúltima generación sobre la tierra, nuestros hijos serán la última, no importa que hagamos para salvar al mundo, este ya se nos fue a la verga, pero quiero soñar que nos vamos a ir de aquí perdonando y amando y no odiando y gozando del dolor ajeno.

Cambiemos a la víctima, cambiemos al verdugo.

Imaginemos una realidad paralela, un universo paralelo. En este universo paralelo en Irak y Afganistán están festejando que Osama mató a Obama y a George Bush. Y a Clinton. El Che, Zapata, Villa, los miles de campesinos de toda América, los rusos, los japoneses también, en ese universo paralelo, festejan.

Pero en ese universo paralelo, como en éste, están equivocados: ¿De qué nos sirve haberlo matado? ¿Los muertos por la guerra van a revivir? ¿Los miembros arrancados, amputados, en batalla van a volver a crecer? ¿Las mujeres que han perdido la razón por recibir la fatal noticia de que de casadas pasaron a viudas van a obtener consuelo? ¿Las mujeres que han perdido la razón por ser una y otra y otra y otra vez violadas por soldados que las tratan como menos que objetos van a recobrar su dignidad arrancada a fuerza de semen y violencia? Los hombres que han visto el horror, que lo han sentido: ¿Van a poder olvidarlo? ¿Van a poder dejar de soñarlo, de pensarlo, de evocarlo, de vomitarlo? El daño ya está hecho, no hagamos más daño. No le sigamos la corriente a Sartre no dejemos que los otros sean nuestro infierno.

No más

¿De qué sirve (Por que en este mundo parece que todo, siempre, tiene que tener una utilidad) ver las cosas desde otro punto de vista? Desde el punto de vista de los que, el mundo, llama “terroristas”. Sirve porque “Solo con ellos descubrimos , a través de la desigualdad de nuestros destinos, la identidad profunda de la existencia humana. Y es esta lección, aparentemente tan especulativa, la única que nos permitirá hoy orientar una práctica geoestratégica no condenada a más sangre, sudor y lágrimas”.

Conclusión

El mundo está loco. Y es una mierda. El mundo es incongruente, paradójico, absurdo, cruel, insano, enfermo, ignorante, blasfemo, vengativo, misántropo.

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2 Respuestas a “¿Cómo se le llama al asesino de asesinos?

  1. M

    Los locos somos nosotros. Tú, por ejemplo.

  2. Terrible. Es una lástima que no lo haya leído antes, o mejor, que no lo hayas escrito antes, porque lo hubiese linkeado en mi entrada.
    Al final, qué quiere la gente…justicia o venganza? O se trata de cuando nos conviene?
    Tu escrito es impecable y completísimo y te invito a que me defiendas, en mi propia casa. Un abrazo.

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