El mundo no se cambia fumando marihuana

Él, ataviado de ropa y botas negras viejas, estaba tirado a la orilla izquierda de la explanada del concierto de rock, presumiblemente borracho y drogado a las seis de la tarde, y el mundo pasaba sin mirarlo. Cuando digo mundo me refiero a la multitud de adolescentes que le rinden un elogio a la ironía: Protestan por ser diferentes pero desde donde yo los veía no eran más que clones con el mismo tono de cabello pintado, portando el mismo estilo y color de vestimenta, balbuceando las mismas frases repetidas de una pseudo anarquía y de un movimiento hippie en sus últimas, y peores, consecuencias.

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¿Cómo se le llama al asesino de asesinos?

El absurdo

El domingo primero de mayo enciendo mi computadora a las once de la noche y el mundo dice: “Osama Bin Laden ha sido asesinado”. Perfiles de Twitter, de Facebook, las noticias en CNN, en Televisa no saben otra cosa que decir, lo repiten y lo repiten emocionados, expectantes, orgullosos. ¿Emocionados de qué? ¿Orgullosos por qué? ¿Qué tenemos que festejar? Estamos rindiéndole culto a la muerte pensando que es la vida, estamos rindiéndole alevosía al Dios que es a imagen y semejanza del hombre y no al Dios que es amor (Dando por hecho que existe). Estamos siendo y manifestando a los cuatro vientos aquello que criticamos.

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