Sobre la muerte

Sócrates decía que de la muerte nadie sabe nada. No sabemos si es el mayor de los bienes o el mayor de los males, pero aún sin saberlo, damos por sentado que es lo segundo y tememos a ella, nos alejamos de ella, suplicamos para no tener que enfrentarnos a la muerte y esto, para Sócrates, es la ignorancia más vergonzante que podemos cometer: Huir de lo que no conocemos creyendo que lo conocemos.

Pues bien Sócrates, soy ignorante y aún no bastándome con esto profeso la más vergonzosa de las ignorancias: Temo morir. No temo morir porqué no sepa que hay después de la muerte, porque no sé si me espera la conciencia absoluta de mi partida o la inconciencia total de está. No, no es por eso. Temo morir porque hay una vida que todavía no he vivido.

Si me voy ahora, ahora, sin haber dado un beso estando completamente enamorada, ahora sin haber viajado todo lo necesario para destruir mis prejuicios y caminar nuevos caminos, ahora sin haber conocido a la mitad de las personas que van a cambiarme la vida, sin haber escrito toda la poesía que puede ser escrita de mi tinta, mis mejores poemas, sin ser todavía todo lo que he fingido ser, sin sentir todo lo que he me propuesto ser, sin haber plasmado mis ojos en todas las tintas que deseo saber… Si me voy ahora, así, tal como estoy, con menos de la cuarta parte de mi vida vivida intensamente y no perdida en momentos muertos donde me olvidaba que el tiempo es efímero, si me voy ahora y resulta que tengo una conciencia absoluta de mi partida, voy a vivir, donde sea que este, un infierno.

Ya nunca voy a poder conocerte, tocarte, enamorarte, inspirarte. Ya nunca voy a poder hacerte reír, llorar, anhelar, preguntarte, creer contestarte. Voy a ser una sombra, un viento que por más que anhele ser perfecto tan solo va a ser, como cumplimiento de su deseo, un roce en tu cuerpo. Mirare todo lo que pude haber hecho y los momentos perdidos, las fantasías que me alejaban de la realidad que pude haber existido, se reproducirán una y mil veces y comprenderé en lugar de vivir una existencia, viví una novela que nunca comencé a escribir. Y cuando las cosas no son escritas el tiempo las olvida, las hace añicos, las vuelve sombras pasajeras bailando en el espacio que esta siempre detrás de todo lo que pensamos.

Quiero ser escrita, quiero escribir, para sentir que puedo poner todo lo que soy en una línea, que alguien puede recordar esa línea y que en mi muerte no seré olvido. Quiero ser yo misma quien sea ese alguien que recuerde mi línea no por ego, no por egoísmo, sino para saber que el mundo si cambia porque cambia adentro mío. Pero para que esto sea posible el momento y la memoria que inspiraron esta línea deben ser verdaderos, contener la verdad más profunda que puede albergar mi ser: Que mi obrar tenga sentido para alguien más. Entonces, aquí, comprendo que solo cuando mi mundo cambia y mi obrar tenga sentido para mi puede tenerlo para alguien más y el mundo que todos habitamos puede cambiar.

No quiero morir, todavía no. No antes de haber hecho que mi alma sea en acto todo lo hermosa que en potencia puede ser. No antes de haber tocado a alguien y ese alguien comprenda todo lo que esta en sus manos y en mis manos hacer. No antes de haber encontrado a alguien con quien andar, los dos, a nuestra par. Voy aferrarme a la vida, a esta vida que tengo, a la única que puedo estar segura va a ser mía, es mía, con este nombre, con este peso, con estos ojos, con estas manos, con este cabello y vivirla como desde afuera mío me gustaría que fuese vivida.

Aferrarme a la vida, sin soltarla, sin soltarme, es la única forma que encuentro de poderle dar la mano a la muerte como una amiga, cuando llegue, y reírme con ella, caminar junto a ella, mientras le pregunto cuantas veces vino a reclamarme y la convencí de que todavía no era mi momento.

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2 Respuestas a “Sobre la muerte

  1. Me encanta lo que escribís. Es simple pero crudo.

  2. Daniela

    hola, solo pasaba por aqui, y queria decirte que me hace sentido lo que escribes,
    sentir que el mundo es solo uno,
    porque todo ya se ha dicho, porque otra mujer se asombra como yo y busca crear ese mundo que se imagina pudiera ser.
    desconocida pero conocida…
    abrazo

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