Yo vengo a decir que…

Me siento sola. Quizás es el hecho de que tengo insomnio a las dos de la mañana o que, en todos estos días, mientras casi todo el mundo duerme, yo estoy despierta y viceversa. Mi reloj biológico esta de cabeza. Quizás es el hecho de que necesito hablar con alguien, no desahogarme, simplemente saber que hay alguien. Son las dos de la mañana con treinta y dos minutos y no hay nadie. No puedo conciliar el sueño. Y me siento sola. ¿Sabes que es lo peor del caso? Que no tengo remitente. Estoy escribiendo por escribir.

Esta noche me siento sola. Todas las noches me siento sola porque no puedo dormir y no hay con quien conversar, con quien reír. No hay nadie con quien comentar nada. No hay de quien sentir la presencia, porque todo el mundo duerme. Cuando el mundo se despierta, y más tarde me despierto yo, me siento acompañada, hay a quien recurrir. La televisión parece tener una mejor programación que no sean películas de detectives, pornografía barata y comedias mal dobladas. Pero a las dos de la mañana, no hay nada, hay soledad, hay aburrimiento, hay postergación de un trabajo que si no entrego mañana me van a despedir.

Hace unos meses sabes, mi vida no era así. Terminaba el día cansada, agotada, rendida, solo para despertarme al siguiente día con tareas y deberes que cumplir. Tenía trabajo, tenia encomiendas. Me despertaba cansada por el ritmo de vida, es cierto, pero en el fondo, por más que en esos días quería quedarme pegada al catre, me encantaba. Ese ciclo ha terminado. Mi trabajo anterior ha finalizado.  Entre el comienzo de un nuevo ciclo están estas vacaciones que no son vacaciones, este descanso que se ha alargado demasiado, esta especie de limbo donde, aunque a veces cambien las cosas y cambien mucho, es casi siempre lo mismo.

Esta ciudad que la he visto desde hace dieciocho años, ya no tiene nada nuevo que ofrecerme. Es como si estuviera encerrada por siempre en un cuarto con edificios, con gente, pero al fin y al cabo un cuarto, lo suficientemente grande para que yo no lo abarque, lo suficientemente pequeño para que él no me abarcarme a mi. Recuerdo y tengo imágenes de esta ciudad. ¿Por dónde quieres que empiece? ¿Por cuál avenida, por cual calle, por cual colonia, por cual borrachera? Esta ciudad se me ha vuelto tan cotidiana. Se me ha metido tanto a la piel que ya forma parte de mí. Es parte de mi piel, como te acabo de decir, el problema es que sé que mi piel existe, esta, la veo, la reconozco, la siento, pero no por completo, y para serte sincera, no me interesa conocerla a profundidad.

Recuerdo, de mi vida de hace unos meses, las largas caminatas de piedras, las noches en verdad oscuras, las estrellas, los sonidos como cánticos de una poesía que te hablaba de un pueblo desconocido a la vista de aquellos que solo por carreteras transitan. Esa tampoco ya es mi vida. Un año no es la vida, solo te muestra una parte de ella, para luego enfrentarte a otra existencia. Y a mí que me gusta vagar de ciudad en ciudad, de casa en casa, de pueblo en pueblo, de vivir en muchos lados, cuando vuelvo a la ciudad de origen siento que estoy en una etapa de postergación de la realidad. Como si estuviera levitando antes de volver a despertar. Siento que esta cuna me queda chica. Siento como si me hubieran parado la vida.

¿Y a quien le digo esto? ¿Quién escucha en estos momentos? He puesto en mi mensajero un mensaje de ayuda, alguien… Solo alguien con quien hablar pido y nadie responde. Me he metido a chats en busca de una plática nueva, fresca, desconocida, para que preguntas tan cotidianas como nombre, edad, ocupación, aunque sé que son mentiras, me digan algo, aunque sea indicios de una vida que mas allá del monitor, y de la apariencia, respira. Pero nada, de nuevo nada, solo hombres sin rostros detrás de un seudónimo pidiendo fotos o cámaras para masturbarse.

Esta noche parecía que la única despierta soy yo… Un icono verde en el mensajero me señala lo contrario… Pero, ¿Cómo hablarles? ¿Cómo decirles? ¿Cómo explicarles? Nunca me he preocupado por su existencia y ahora que quiero que se preocupen por la mía. Que egoísta.

Y a ti fantasma… ¿Te pondré rostro? ¿Qué destinatario serás? ¿Qué ganare? No habrá respuesta inmediata, quizás, ni siquiera haya respuesta lejana… Pero me siento sola y para no sentirme tan sola, voy a creer que en algún momento, esperaría que fuese inmediato, me leerás.

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Publicado en Soy

Permalink 2 comentarios

2 Respuestas a “Yo vengo a decir que…

  1. Andrea A,

    🙂 te diría que qué bonito, que yo tabién me he sentido así y te daría alguna frase fresca y releida para motivarte a seguir escribiendo te contaría también que varias veces coincidiendo contigo me he sentido atrapada en un espacio tan abierto; no sé de qué ciudad hablas, de quiénes hablas… no sé ni siquiera si ya encontraste con quién hablar.

    Pero si de algo estoy bien segura, es que no eras ni eres el único cactus despierto. 🙂

  2. Itzia

    Te diría que nunca he esperado, que de lo que escribo, alguien diga “que bonito”. Te diria que gracias por no decirme la frase, porque no me gustan ni me creo las frases para motivar a la gente. Te dire tambien que me siento atrapada en espacios abiertos, cerrados, estrechos, redondos, ocupados o vacíos. Tú no sabes de quienes o de que lugares hablo y yo no se quien seas, estamos a mano. Y no, no he encontrado a alguien con quien hablar, nunca obtuve respuesta y vaya si la espere.

    Y, amen, tengo tu misma seguridad. Gracias por leer.

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