Quiero una cerveza

Debería haber  una cantina para mujeres, exclusivamente para mujeres. Un tugurio como esos, que hay en las zonas más jodidas de cada ciudad, donde un cartel mal escrito prohíbe la entrada a niños, uniformados, menores de edad y mujeres. Un cuarto construido a prisas, con block y un repellado que deja mucho que desear, con puertas de madera desde donde se  vislumbran las mesas mal puestas y las mujeres bailando sobre ellas, desde donde se alcanza a ver la oscuridad, se alcanzan a oír las risas. Uno de esos lugares donde los hombres completamente sedados, olvidados de si mismos, se acuestan y lloran o solo duermen para esquivar la realidad.

Debería existir, pero para mujeres, ese sitio de las botanas, de las botellas, de las chelas bien frías, del cantinero detrás de la barra. Un lugar impregnado de sudores, de humo de cigarro, del vaho que deja el aliento de quien acaba de vomitar.

Debería existir un tugurio como esos para ir a llorar, para ir a reír, para ir a ser, para ir a reclamar esa libertad que nunca nos dejaron, ni hicimos que nos dejaran, tener. Ese sitio donde pueda ir a llorarte, donde pueda ir a recordarte, donde pueda ir a contarte; donde, puta madre, pueda ir a crearte. Debería existir ese sitio donde las historias, de todas las mujeres se junten, se disuelvan, se hagan una sola. Para ya no seguir amando, anhelando, escribiendo/pintando/dibujando/fotografiando/actuando/cantando solas.

Un sitio donde nos caigamos de borrachas una tras otra. Donde pueda encontrar mi historia en un vaso lleno de bebida, lleno de mocos, risas, lágrimas, memoria. Donde en cada cacahuate comido, caído, caducado, pueda mi obra de arte, la más sincera, la más genuina, pueda surgir, pueda ser hecha, pueda quedarse grabada. Donde pueda ser lo más esencial que soy: un animal primitivo de instintos, de este instinto de querer quererme, de quererte tan natural, tan fácilmente, de querer entenderme.

Un sitio donde nos caigamos de borrachas una tras otra. Donde la bolsa/el morral queden desparramados, donde la guitarra/las tamboras/el cuaderno queden desplazados por las ganas de, una vez por todas y sin instrumentos y sin idea de como, expresar lo que traemos adentro.

Un lugar donde después de hacer lo que debemos/tenemos/queremos hacer, hicimos; donde el dolor de cabeza, la seguridad de nuestro cruel destino que nosotras hicimos, la falta de inspiración, la falta de amor, sexo o rock and roll, se puedan exorcizar en un buen vaso de alcohol.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: